La joya más antigua de la Seo: el 'grande' que ha sobrevivido seis siglos de arte y restauraciones
El órgano de la Catedral del Salvador de Zaragoza, la Seo, es hoy uno de los instrumentos históricos más singulares del patrimonio español. Con más de medio milenio de vida documentada, su sonido actual es el resultado de una larga cadena de intervenciones que, lejos de borrar su pasado, han ido sumando capas técnicas y artísticas hasta conformar un instrumento irrepetible.
La primera referencia al órgano aparece en 1418, y no al mecanismo en sí, sino a su organista, Bartolomé Tarragona, a quien se le encomendó la tarea de tocarlo en los oficios. Ya en el siglo XV, el instrumento mostraba una estructura sorprendentemente avanzada: varios cuerpos sonoros y registros diferenciados. En 1469, el cabildo encargó al organero Juan Ximénez Garcés la construcción de un nuevo órgano, cuya caja —aún conservada— fue pintada en 1474 por los conocidos artistas aragoneses Tomás Giner y Felipe Romeu. El pie del mueble, tallado en estilo gótico, parece corresponder a la misma época que la sillería del coro, comenzada en 1444.
Del Renacimiento al esplendor barroco
El Renacimiento dejó su huella en 1577, cuando Guillaume de Lupe amplió el instrumento y unificó los cuerpos en un solo teclado con registros. Su hijo Gaudioso, en 1610, incorporó los registros partidos, una innovación que se convertiría en seña de identidad de la organería ibérica.
Sin embargo, sería el barroco quien otorgaría al órgano de la Seo gran parte de su personalidad actual. Entre 1681 y 1720, el organero Joseph Sesma llevó a cabo una reforma profunda que fue culminada por Bartolomé Sánchez tras la muerte de Sesma. Nuevos llenos, cornetas y trompetería adaptaron el instrumento a la estética sonora exuberante propia del momento. En 1755, la intervención de Silvestre Tomás reforzó esta apuesta y consolidó la fuerza barroca del órgano.
El siglo XIX y la gran reforma de los Roqués
Entre 1857 y 1859, los hermanos Pedro y Miguel Roqués emprendieron la reforma más determinante de la etapa moderna. En un momento en el que los órganos románticos ganaban protagonismo en Europa, ellos optaron por mantener una concepción clásica, preservando buena parte de la tubería antigua y actualizando la mecánica, los secretos y la consola. De su mano datan los tres teclados actuales de 56 notas, con teclas blancas chapadas en hueso y negras en nogal cauterizado. El siglo XX se inauguró con una mejora clave: en 1919, Juan Roqués añadió un motor eléctrico, facilitando el suministro de aire.
A finales del siglo XX, el desgaste acumulado y los efectos de las obras en la catedral dejaron claro que el instrumento necesitaba una intervención integral. Entre 2001 y 2003, el prestigioso taller de Gerhard Grenzing restituyó tanto el instrumento como su mueble policromado. La restauración recuperó la policromía gótica original en la fachada principal y la barroca en la posterior, eliminando repintes oscuros del siglo XIX. Técnicamente, se restauraron tuberías, portavientos y la mecánica ideada por los Roqués, respetando siempre los materiales y procesos históricos.
Hoy, el órgano de la Seo combina tradición gótica, riqueza barroca y equilibrio clásico. Seis siglos después de su creación, el coloso sonoro sigue vivo, dominando el espacio de la catedral y manteniéndose como una de las voces patrimoniales más singulares de España.