Las Islas Baleares, en el mar Mediterráneo, son uno de los destinos turísticos más populares de España, y cada una de las islas ofrece su propio encanto y atractivo. Sin embargo, dos islas en particular, Formentera y Menorca, presentan realidades bien distintas en los últimos años, sobre todo tras la explosión del turismo en la salida de la pandemia, así como en cuanto a su nivel de masificación turística.

Mientras Formentera ha experimentado un auge hotelero y una gran afluencia de visitantes, muchos de ellos internacionales, y donde la isla ha pasado a ser incluso agobiante para muchos turistas; Menorca se ha mantenido como un destino más auténtico y menos conocido.

FORMENTERA: TURISMO MASIFICADO Y BOOM HOTELERO

Formentera siempre ha sido la hermana pequeña de Ibiza, y por ello ha sido considerada durante mucho tiempo un paraíso tranquilo y virgen. Sin embargo, en los últimos años, la isla de Formentera ha sido testigo de un aumento exponencial en el turismo y el desarrollo hotelero. La proximidad a Ibiza, conocida por su vida nocturna y fiestas, ha atraído a una gran cantidad de visitantes que buscan una escapada más relajada.

Esto ha llevado a una creciente demanda de alojamiento, lo que ha dado lugar a un boom hotelero en la isla. Esto tiene consecuencias para los turistas, que ven como el coste de ir de vacaciones a esta isla es cada vez más prohibitivo; sino que durante los últimos veinte años, la población residente de Formentera han visto menguar su poder adquisitivo a causa del aumento imparable del coste de la vida y especialmente de la vivienda.

Nadie niega que la belleza de Formentera sigue siendo indiscutible, con playas de arena blanca y aguas cristalinas, pero el aumento del turismo ha tenido un impacto en el medio ambiente y en la autenticidad de la isla. La presión turística ha llevado a problemas de sostenibilidad y ha generado preocupaciones sobre el equilibrio entre el turismo y la conservación de su entorno natural.

La isla de Menorca, en cambio, ha logrado mantener su encanto original y su autenticidad. Aunque también recibe turistas, el nivel de masificación es significativamente menor que en las otras islas principales de las Baleares. De hecho, en esta isla los veraneantes suelen tener residencia y no apuestan por alquileres vacacionales u hoteles; lo que hace que los residentes se sientan partícipes del bienestar del entorno.

La isla ha sido designada como Reserva de la Biosfera por la UNESCO, lo que destaca su compromiso con la preservación del medio ambiente y su enfoque en el turismo sostenible.

Entre las excursiones en Menorca destaca Camí de Cavalls, antiguo sendero de 185 km rodea la costa de la isla y ofrece la oportunidad de descubrir paisajes naturales impresionantes y calas escondidas. O Monte Toro, la montaña más alta de Menorca que ofrece una vista panorámica espectacular de toda la isla y es un lugar ideal para disfrutar de puestas de sol inolvidables. Eso sí, si por algo destaca la isla es por sus playas.

Cala Macarella y Macarelleta: Estas dos calas juntas forman un paraíso de aguas cristalinas y fina arena blanca, ideales para nadar y relajarse en la naturaleza.

Cala Mitjana: Una playa más pequeña y menos conocida, pero igual de hermosa, con aguas cristalinas y un ambiente tranquilo.

Sobre los restaurantes en Menorca hay mucha diversidad y con muy buena calidad. Curniola 35: Ubicado en Mahón, este restaurante ofrece una deliciosa fusión de cocina mediterránea y de autor en un ambiente acogedor y moderno. Cranc Pelut: Situado en Ciudadela, es famoso por su caldereta de langosta, un plato tradicional de la isla.

LA HISTORIA DE MAHÓN Y CIUDADELA: DOS LUGARES ÚNICOS Y OBLIGATORIOS

Mahón, la capital de Menorca, tiene una rica historia que se remonta a la época fenicia. Durante su historia, ha sido un importante puerto estratégico para diversas civilizaciones. Hoy en día, su puerto natural es uno de los más grandes del mundo y ofrece una mezcla fascinante de arquitectura británica y mediterránea.


Ciudadela está ubicada en el lado oeste de la isla y es conocida por su arquitectura histórica, calles empedradas y catedral gótica. Fue la antigua capital de Menorca y ofrece un encanto único con su casco antiguo bien conservado.

Aunque Formentera y Menorca son dos islas preciosas y únicas en las Baleares, han seguido caminos diferentes en términos de turismo y desarrollo. Mientras Formentera ha experimentado un auge hotelero y masificación turística, Menorca ha logrado mantener su encanto auténtico y su enfoque en el turismo sostenible. Menorca ofrece una experiencia más tranquila y auténtica con sus impresionantes playas, encantadores pueblos y un enfoque respetuoso con el medio ambiente.