Aragón, tierra de contrastes y belleza inigualable, alberga algunos de los tesoros mejor guardados de España. Sus pueblos medievales, envueltos en un manto de historia, cultura y naturaleza, ofrecen una escapada única para aquellos que buscan desconectar del bullicio de la ciudad y adentrarse en un mundo de serenidad y asombro.

AÍNSA

Entre los rincones más destacados se encuentra Aínsa, un pueblo que emerge entre las imponentes montañas de las Tres Sorores y el Monte Perdido. Su castillo, testigo de siglos de historia, se erige majestuoso como guardián de sus calles empedradas y plazas medievales. La Iglesia de Santa María, con sus muros centenarios, y la Plaza Mayor, triangular y porticada, invitan a sumergirse en un viaje en el tiempo.

ALBARRACÍN

Pero Aínsa no está solo. Albarracín, considerado uno de los pueblos más bellos de Aragón, es un tesoro arquitectónico que fusiona influencias católicas y musulmanas en cada rincón. Sus murallas, erigidas en el siglo XI, aún despiertan admiración, mientras que su Catedral de El Salvador y el Castillo de Albarracín son testigos mudos de su glorioso pasado.

CALACEITE

Calaceite, la capital cultural de Matarraña, deleita con su conjunto urbano medieval. Sus calles empedradas y casas solariegas transportan al visitante a otra época, donde artistas y escritores encontraron inspiración entre sus rincones. La Ermita de San Cristóbal y la Plaza de España son solo algunos de los tesoros que aguardan ser descubiertos en este enclave histórico.

TARAZONA

Escapadas desde Zaragoza

Finalmente, Tarazona, la ciudad de las tres culturas, deslumbra con su imponente Catedral de Santa María de la Huerta, de estilo mudéjar. En sus calles, la huella de la convivencia entre cristianos, árabes y judíos se entrelaza en una danza de historia y tradición. Las Casas Colgadas, la Plaza de España y la Plaza de Toros Vieja son solo el comienzo de un viaje inolvidable por esta joya aragonesa.

En definitiva, Aragón es un destino imprescindible para los amantes de la historia, la cultura y la naturaleza. Sus pueblos medievales son mucho más que simples paradas en el camino; son portales a un mundo de belleza y asombro que espera ser explorado y admirado por aquellos que se atrevan a adentrarse en sus encantos.