En un avance sin precedentes para la lucha contra la contaminación marina, un equipo de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), liderado por el Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC) y la Universidad de Cádiz, ha logrado detectar y mapear desde el espacio la basura que flota en el mar Mediterráneo. Este innovador estudio, publicado en la prestigiosa revista Nature Communications, utiliza la tecnología del satélite europeo Copernicus Sentinel-2 para identificar plásticos en el océano, demostrando así una nueva aplicación de la tecnología satelital.

TECNOLOGÍA PUNTERA PARA UN PROBLEMA GLOBAL

A pesar de que los sensores del Copernicus Sentinel-2 no fueron diseñados específicamente para detectar basura, su capacidad para identificar plásticos ha permitido a los investigadores elaborar un detallado mapa de las zonas más contaminadas del Mediterráneo. Este logro ha sido posible gracias al uso de superordenadores y algoritmos avanzados de búsqueda, que han analizado una serie histórica de seis años de observaciones satelitales.

RESULTADOS ALARMANTES: KILÓMETROS DE BASURA

El estudio ha escrutado 300.000 imágenes tomadas cada tres días con una resolución de 10 metros, revelando grandes agregaciones de basura dentro de estructuras flotantes conocidas como «regueros». Estas formaciones, que pueden extenderse por varios kilómetros, resultan de la convergencia de las corrientes marinas y el efecto del viento en la superficie del mar.

Según los investigadores, la cantidad de plástico flotante en el Mediterráneo podría abarcar una superficie de aproximadamente 95 kilómetros cuadrados durante el periodo 2015-2021, lo que equivale a unos 7,500 campos de fútbol. Manuel Arias, del ICM-CSIC y codirector del estudio, señala que «buscar agregaciones de basura de varios metros de diámetro sobre la superficie del océano era como buscar agujas en un pajar», pero este nuevo método hace posible la detección a gran escala.

HACIA UN FUTURO CON SENSORES DEDICADOS

Andrés Cózar, de la Universidad de Cádiz y también codirector del estudio, subraya la importancia de estos hallazgos para entender mejor los mecanismos que transportan los desechos plásticos. Además, sugiere que la instalación de sensores específicos para la detección de plásticos en futuros satélites podría multiplicar por veinte la capacidad de detección, mejorando así la monitorización y permitiendo un seguimiento más preciso de la contaminación marina.

IMPLICACIONES GLOBALES Y FUTURAS APLICACIONES

El estudio también revela que factores como la densidad de población, la geografía y el régimen de lluvias influyen significativamente en la acumulación de basura en el mar. Las zonas con más precipitaciones, por ejemplo, muestran una mayor acumulación de desechos tras lluvias torrenciales.

Además, la mayoría de la basura de origen continental tiende a quedar confinada en los primeros 15 kilómetros desde la costa, regresando a tierra en pocos días o meses. Esto sugiere que la basura generada directamente en el mar y la procedente del continente tienen comportamientos y distribuciones distintas.

CASOS PRÁCTICOS Y MÁS ALLÁ DEL PLÁSTICO

Los investigadores han aplicado su metodología en diversos escenarios, como la evaluación de planes de acción contra la basura en el río Tíber en Roma, la identificación de focos de contaminación en el canal de Suez, y la guía para tareas de limpieza en el golfo de Vizcaya.

Además, este enfoque no solo se limita a la detección de plásticos. Un sensor dedicado podría abordar problemas como los vertidos de petróleo, la pérdida de carga en buques, y las operaciones de búsqueda y salvamento en el mar.

UNA COLABORACIÓN INTERNACIONAL

Este proyecto cuenta con la participación del CSIC, la Agencia Espacial Europea (ESA), y numerosos institutos y universidades europeas. La financiación proviene de la ESA, con el apoyo del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades de España.

IMPACTO Y BENEFICIOS FUTUROS

En conjunto, estos resultados demuestran que la monitorización de la contaminación marina desde el espacio no solo es factible, sino también una herramienta prometedora para abordar los desafíos ambientales globales y mejorar la salud de nuestros océanos. La capacidad de detectar y mapear la basura desde el espacio no solo permite identificar los puntos críticos de contaminación sino también monitorizar los efectos de las políticas ambientales implementadas para reducir los desechos marinos.

Los investigadores señalan que, con el tiempo, la integración de datos satelitales con otras formas de monitoreo, como las boyas de detección y los análisis in situ, podría proporcionar una imagen aún más completa y precisa de la contaminación marina. Esto, a su vez, facilitaría la implementación de estrategias de limpieza más eficaces y el diseño de políticas de conservación basadas en evidencia científica sólida.

EDUCACIÓN Y CONCIENCIACIÓN

Finalmente, los resultados de este estudio subrayan la importancia de la educación y la concienciación pública sobre el problema de la contaminación plástica. Los hallazgos no solo son relevantes para la comunidad científica, sino que también deben ser comunicados al público en general para fomentar comportamientos más responsables y sostenibles. La colaboración internacional y la inversión continua en investigación y tecnología son cruciales para enfrentar este desafío global y proteger nuestros océanos para las generaciones futuras.

Este esfuerzo pionero del CSIC y sus colaboradores demuestra cómo la innovación y la tecnología pueden converger para abordar problemas ambientales críticos, ofreciendo nuevas esperanzas para la conservación de los ecosistemas marinos y la lucha contra la contaminación plástica.