Tesla, la marca norteamericana pionera en vehículos eléctricos, no solo ha logrado destacar en el mercado del automóvil, sino que se ha convertido en sinónimo de innovación y eficiencia energética. En ciudades como Madrid, Zaragoza o Sevilla, los taxistas han adoptado los modelos de Tesla como su vehículo oficial, desencadenando una auténtica revolución en el sector del transporte público urbano. Pero, ¿por qué?

Hablar de Tesla ya no es solo referirse a un fabricante de coches eléctricos, sino a una marca que ha redefinido las expectativas de los consumidores y la viabilidad de los vehículos eléctricos en el ámbito profesional, como lo demuestra su popularidad entre los taxistas. Varios propietarios de taxis Tesla revelan una razón fundamental detrás de esta tendencia: la combinación de ahorros económicos y un rendimiento excepcional.

En los primeros años, Tesla ofrecía recarga rápida gratuita de por vida para sus vehículos, un beneficio que muchos taxistas aún conservan y que aumenta el valor del vehículo en caso de reventa. Este incentivo inicial fue crucial en un momento en que la infraestructura de carga eléctrica era limitada y poco confiable.

Los modelos Tesla también son conocidos por su durabilidad; algunos taxistas detallan que con 200.000 kilómetros en el contador, apenas han necesitado mantenimiento más allá del cambio de filtros de aire, una tarea económica y sencilla de realizar.

A pesar de las ventajas evidentes, los modelos Tesla, como el Model 3, no están exentos de críticas. Por ejemplo, en las plazas traseras del Model 3 que son estrechas y no tan cómodas como podrían serlo para un taxi.

Los beneficios financieros de conducir un taxi Tesla son impresionantes. «Me ahorro unos 7.200 euros en gasóleo al año», explica uno de los taxistas. Además, el coste de electricidad para cargar el Tesla se reduce a apenas unos dos euros al día, lo que representa un ahorro significativo en comparación con el combustible tradicional.

Tesla ha desarrollado una de las redes de carga pública más extensas y confiables del mercado, lo que facilita la vida de los taxistas que dependen de la energía eléctrica para sus jornadas laborales.

La flexibilidad operativa contrasta con los vehículos de combustión interna, cuyas horas de operación están limitadas por razones mecánicas y normativas. Además, los taxistas valoran la longevidad de los Tesla, que pueden operar durante más años que los vehículos convencionales, maximizando así su inversión y rentabilidad.